Este año tocaba estrenar corbata. Mi padre se levanta y en pijama y bata, nos ayuda a mi hermano y a mí a vestirnos; él ya no sale, pero la procesión la lleva dentro.
El camino desde la casa paterna hasta Santa Nonia, sin novedad, pocos “Genarines” y también pocos hermanos por el camino. Como siempre, La Crucifixión ya está en la calle, aunque sólo estamos diez braceros. Poco a poco van llegando el resto; se echan de menos caras conocidas y hay pocos suplentes, pero en fin, se hará lo que se pueda. El adorno floral, espectacular; me ha gustado este año la combinación de colores: Enhorabuena a los responsables. Paso de lista y a colocarse; el Seise y el Bracero Mayor, muy bien colocando al personal: ¡Parece que el paso pesa menos!. Ya veremos dentro de tres horas.
A las siete sale el Nazareno y somos espectadores de excepción; no dejo de emocionarme con el himno nacional a la salida de Jesús.
A las ocho y veinte arrancamos; después de casi hora y media de espera. Un abrazo y un beso con mi hermano -¡otro año más Fernando!- y adelante. ¡Qué bien va el Paso este año!; en la calle Hospicio, primeras bajadas y subidas, pero sin problemas. La entrada en la Plaza del Grano, espectacular, bien acompasados con la banda y sin bajar el paso hasta el principio de la cuesta; la calle corta ¡bien!. No nos lo creemos. Hemos sido capaces de dar una curva complicada sin perder el paso y sin tropezar.
Desde la plaza de Riaño hasta la Plaza Mayor, sin banda, pero un “replicante” nos marca el paso. Gracias a la banda. ¡Cómo habéis mejorado!. La entrada en la Plaza Mayor también bien, sin menear mucho el paso y sin tropezones. Al posarlo a la espera del Encuentro los comentarios son de sorpresa: ¡Qué bien hemos ido!, ¡así da gusto!, ¡ojalá fueramos toda la procesión así!. El encuentro largo, pero el sermón muy bueno, y luego otra vez a esperar; cuando reiniciamos la marcha ya se nota la marcha de titulares, aunque todavía se aguanta bien hasta la Catedral.
Cardenal Landazuri ya es un infierno; se pierde el paso, se nos enreda la cruz en un cable, empiezan a flaquear los hombros, en fin, viejos recuerdos.
Después del descanso, en fin, que os voy a contar, miradas al cielo, llueve, graniza, diluvia. Empezamos nuevamente el recorrido y nuestros anhelos de que el paso vaya bien se esfuman con la primera tirada. A trompicones llegamos al final de la calle del Cid y encontramos al abad muy emocionado. Calle Ancha y, aunque todavía no empiezan a marcar en ordinaria, nosotros ya volamos (alguien tendría que explicar a los suplentes que los pies se mueven al ritmo que marca el bombo –POM-pie izquierdo-POM-pie derecho).
En Santo Domingo, ordinaria y a volar. Llegada a Santa Nonia, por un camino que ya hemos recorrido alguna vez más que los otros pasos (vaya infierno aquel fatídico año). Metemos el Paso MUY BIEN y desbandada por las flores. Abrazos con los conocidos, beso a la familia y para casa, a esperar otro año.
Comentario final: el recorrido más corto, mejor.